domingo, 13 de octubre de 2019

SINESIO SILBÁN DÍAZ


Nació en Almorox el 21 de mayo de 1877, hijo de Andrés Silbán del Casar y de Eladia Díaz González. Sinesio tuvo la posibilidad de estudiar, cosa poco corriente en aquellos tiempos. Era el primogénito y varón de una familia acomodada, terminó los estudios de bachillerato en el Instituto de San Isidro el 3 de julio de 1893. Su padre había sido secretario de nuestro consistorio también (recordad que el 7 de marzo de 1905 cuando tuvo lugar la visita del rey todavía estaba ejerciendo), por eso a mi abuela, sobrina y nieta respectivamente de ambos, y a sus primas hermanas las llamaron siempre Las secretarias.


En la revista literaria “Reflejos”, en el número de junio de 1921 le dedican un artículo (Recorte cabecera): “Hombres que valen” que la verdad, aparte del lenguaje alambicado y engolado que emplean, es una suma de alabanzas y bondades las que afirman que te quedas un poco traspuesto ante el despliegue (gran corazón, clara inteligencia, alma templada, nobles sentimientos, laboriosidad infatigable, pericia, prestigiosa persona…). La verdad es que le ponen en los cuernos de la luna.



En el diario de La patria, de abril de 1928, al que dediqué la cuarta de mis intrahistorias sale una foto suya y al pie reza lo siguiente: “D. Sinesio Silván Díaz, Veterano y culto secretario municipal de Almorox (Toledo)”; y ya dentro del texto también le menciona:
«Como apoteosis, tiene en cartera don Maximiliano Escudero, prestigiosísimo alcalde-presidente de Almorox, decano de los alcaldes toledanos –ya lo fue en el anterior régimen-,construir con el concurso de sus compañeros de concejo, don Martiniano Silván y don Sabas Fernández Martín, tenientes de alcalde primero y segundo, respectivamente, y todos muy bien orientados, encauzados y asesorados por esta institución municipal que en Almorox, alegre pueblo de la provincia de Toledo, se llama don Sinesio Silván Díaz, un magnífico Grupo Escolar con seis secciones o grados, en terrenos ya previamente cedidos por este Ayuntamiento al Estado».

         En el diario El Alcázar que destina a Almorox el 9 de febrero de 1943 un monográfico también le menciona; Nombra a los componentes de la corporación municipal encabezados por el alcalde Honorio Silván, Octavio Arias, Martín Silván, Andrés Muñoz, Juan Valverde, Maximino Testillano, Enrique Parro, Pedro Parro y Alberto Díaz, asesorados con gran acierto por el secretario Sinesio Silván Díaz.

         Ejerció cerca de cuarenta años en el Ayuntamiento de nuestra Villa. Durante su ejercicio profesional e incluso después de la jubilación la gente, principalmente humilde, iba en casa de mi abuela, ya que sabían que paraba allí. No tuvo hijos, hacía visita diaria a su sobrina y familia. Le consultaban sus dudas, las formas de solicitar esto o aquello, como realizar ciertos trámites, buscaban más que asesoría un consejo amigo y que, con su vasta experiencia, les arrojara luz y ayudara con los papeles. Aunque huelga decirlo, todo gratuito.       
         Aparte también iban a visitarle personas de la corporación, concejales, alcaldes por el mismo motivo, estos ya a nivel municipal. Vivió a veces circunstancias y épocas convulsas, tuvo que templar gaitas para que no se hicieran ciertas cosas que él consideró inaceptables. Siempre buscó lo mejor para su pueblo y veló por el ayuntamiento. Me cuentan que después de guerra, donde no había dinero ni para comer, cuanto menos para papelajos, él daba la vuelta a los sobres para usarlos dos veces, reutilizaba todo lo susceptible de reutilización. Podía decirse que fue un precursor del reciclaje sin saberlo.        

Os pido que leáis con atención, es breve pero intenso, el «Discurso de entrega de la Medalla al mérito en el trabajo» En él se intuyen todas las premisas que debe observar un servidor público y sobre todo, y es lo que a mí me ha llegado más hondo, el orgullo por ser hijo de Almorox. Nada de vanaglorias ni de prepotencias. Ofrecimiento a seguir ayudando con su vasta experiencia en cuanto se lo pidan. Desconozco la fecha, pero debió ser en la década de los cincuenta del siglo pasado.


«Contando previamente con vuestra benevolencia y cariño, no he vacilado en levantarme a dirigiros estas breves palabras, a pesar de que sabéis todos que carezco de dotes oratorias, al no haber hablado en mi vida al público y de estar hondamente emocionado por el acto que se está celebrando en mi honor.
Sin embargo, me he atrevido a ello en primer lugar, para dar las más cordiales gracias al Señor alcalde y Corporación municipal por haber acordado la concesión de esta medalla del trabajo que se me ha impuesto, y en segundo lugar, a todos vosotros por la asistencia tan nutrida al acto, demostrando con ello gran complacencia y entusiasmo, asociándose en un todo al acuerdo del Ayuntamiento.
Ya que dentro de poco tiempo cesaré en el cargo de secretario del Ayuntamiento obligado a ello por la edad y por mi estado de la vista, tengo que haceros presente que me perdonéis si a alguno no le he atendido como debía; que sepa y le conste que sin duda habrá obedecido a ser una cosa contraria a la ley, y que hubiera acarreado graves perjuicios y responsabilidades.
Ya termino, y sólo me queda deciros que como hijo de nuestro pueblo mi deseo y anhelo único es que el que venga a sustituirme se desvele y mire por esta casa, aunque no sea más que como yo he procedido y que, si en algo puedo seguir siendo útil al pueblo y a vosotros, no tengáis reparo ni inconveniente en consultarme lo que sea, en la seguridad de que siempre me tenéis a vuestra disposición.»
Sinesio Silbán Díaz


Acabó sus días el 9 de abril de 1969 también en nuestro pueblo, faltándole un mes para cumplir los noventa y dos años. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario