Nació en Almorox el 21 de mayo de 1877, hijo de Andrés Silbán
del Casar y de Eladia Díaz González. Sinesio tuvo la posibilidad de estudiar,
cosa poco corriente en aquellos tiempos. Era el primogénito y varón de una
familia acomodada, terminó los estudios de bachillerato en el Instituto de San
Isidro el 3 de julio de 1893. Su padre había sido secretario de nuestro
consistorio también (recordad que el 7 de marzo de 1905 cuando tuvo lugar la
visita del rey todavía estaba ejerciendo), por eso a mi abuela, sobrina y nieta
respectivamente de ambos, y a sus primas hermanas las llamaron siempre Las secretarias.
En la revista literaria “Reflejos”, en el número de junio de
1921 le dedican un artículo (Recorte cabecera): “Hombres que valen” que la
verdad, aparte del lenguaje alambicado y engolado que emplean, es una suma de
alabanzas y bondades las que afirman que te quedas un poco traspuesto ante el
despliegue (gran corazón, clara inteligencia, alma templada, nobles
sentimientos, laboriosidad infatigable, pericia, prestigiosa persona…). La
verdad es que le ponen en los cuernos de la luna.
En el diario de La patria, de abril de 1928, al que dediqué
la cuarta de mis intrahistorias sale una foto suya y al pie reza lo siguiente: “D.
Sinesio Silván Díaz, Veterano y culto secretario municipal de Almorox
(Toledo)”; y ya dentro del texto también le menciona:
«Como apoteosis, tiene en cartera don Maximiliano Escudero, prestigiosísimo alcalde-presidente de
Almorox, decano de los alcaldes toledanos –ya lo fue en el anterior
régimen-,construir con el concurso de sus compañeros de concejo, don Martiniano Silván y don Sabas Fernández Martín, tenientes de
alcalde primero y segundo, respectivamente, y todos muy bien orientados,
encauzados y asesorados por esta institución municipal que en Almorox, alegre
pueblo de la provincia de Toledo, se llama don Sinesio Silván Díaz, un
magnífico Grupo Escolar con seis secciones o grados, en terrenos ya previamente
cedidos por este Ayuntamiento al Estado».
En el diario El Alcázar que destina a Almorox el 9 de febrero de 1943 un
monográfico también le menciona; Nombra a los componentes de la
corporación municipal encabezados por el alcalde Honorio Silván, Octavio Arias,
Martín Silván, Andrés Muñoz, Juan Valverde, Maximino Testillano, Enrique Parro,
Pedro Parro y Alberto Díaz, asesorados con gran acierto por el secretario
Sinesio Silván Díaz.
Ejerció
cerca de cuarenta años en el Ayuntamiento de nuestra Villa. Durante su
ejercicio profesional e incluso después de la jubilación la gente,
principalmente humilde, iba en casa de mi abuela, ya que sabían que paraba
allí. No tuvo hijos, hacía visita diaria a su sobrina y familia. Le consultaban
sus dudas, las formas de solicitar esto o aquello, como realizar ciertos
trámites, buscaban más que asesoría un consejo amigo y que, con su vasta
experiencia, les arrojara luz y ayudara con los papeles. Aunque huelga decirlo,
todo gratuito.
Aparte
también iban a visitarle personas de la corporación, concejales, alcaldes por
el mismo motivo, estos ya a nivel municipal. Vivió a veces circunstancias y
épocas convulsas, tuvo que templar gaitas para que no se hicieran ciertas cosas
que él consideró inaceptables. Siempre buscó lo mejor para su pueblo y veló por
el ayuntamiento. Me cuentan que después de guerra, donde no había dinero ni
para comer, cuanto menos para papelajos, él daba la vuelta a los sobres para
usarlos dos veces, reutilizaba todo lo susceptible de reutilización. Podía
decirse que fue un precursor del reciclaje sin saberlo.
Os pido que leáis
con atención, es breve pero intenso, el «Discurso de entrega de la Medalla al
mérito en el trabajo» En él se intuyen todas las premisas que debe observar un
servidor público y sobre todo, y es lo que a mí me ha llegado más hondo, el
orgullo por ser hijo de Almorox. Nada de vanaglorias ni de prepotencias.
Ofrecimiento a seguir ayudando con su vasta experiencia en cuanto se lo pidan.
Desconozco la fecha, pero debió ser en la década de los cincuenta del siglo pasado.
«Contando
previamente con vuestra benevolencia y cariño, no he vacilado en levantarme a
dirigiros estas breves palabras, a pesar de que sabéis todos que carezco de
dotes oratorias, al no haber hablado en mi vida al público y de estar
hondamente emocionado por el acto que se está celebrando en mi honor.
Sin
embargo, me he atrevido a ello en primer lugar, para dar las más cordiales
gracias al Señor alcalde y Corporación municipal por haber acordado la
concesión de esta medalla del trabajo que se me ha impuesto, y en segundo
lugar, a todos vosotros por la asistencia tan nutrida al acto, demostrando con
ello gran complacencia y entusiasmo, asociándose en un todo al acuerdo del
Ayuntamiento.
Ya
que dentro de poco tiempo cesaré en el cargo de secretario del Ayuntamiento
obligado a ello por la edad y por mi estado de la vista, tengo que haceros
presente que me perdonéis si a alguno no le he atendido como debía; que sepa y
le conste que sin duda habrá obedecido a ser una cosa contraria a la ley, y que
hubiera acarreado graves perjuicios y responsabilidades.
Ya
termino, y sólo me queda deciros que como hijo de nuestro pueblo mi deseo y
anhelo único es que el que venga a sustituirme se desvele y mire por esta casa,
aunque no sea más que como yo he procedido y que, si en algo puedo seguir
siendo útil al pueblo y a vosotros, no tengáis reparo ni inconveniente en
consultarme lo que sea, en la seguridad de que siempre me tenéis a vuestra
disposición.»
Sinesio Silbán Díaz
Acabó sus días
el 9 de abril de 1969 también en nuestro pueblo, faltándole
un mes para cumplir los noventa y dos años.

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