—¡Amos anda!
—Lo
que yo te diga.
—Purrún tia Pola.
—Tan
cierto como que hay Dios.
—Que
no me la das Virgilio.
—¿Qué
te juegas?
—Unos
chatos y una fuente de callos en el bar de Amancio.
—Trato
hecho.
Enfrascados
en esta disputa se hallan Nicolás buscapletitos
y Virgilio, el Tiñoso sentados en el
primer escalón de la picota. Al pasar a su lado, con el cesto de la compra en
la mano, Generosa, la capitana de las gacetas,
va con la antena puesta y pregunta al dúo de las escalinatas:
—¿Qué
tejemanejes os traéis, perillanes?
—Este
—contesta Nicolás—, que me sale con que está esperando al coche de línea, porque
hoy viene en el Gato, desde Madrid, la
Virgen del Pilar.
—¡Santísimo
Cristo de la Piedad! No digas sacrilegios Tiñoso,
que no hay que mentar en vano a Santos y a Vírgenes.
—No
es sacrilegio, que lo sé de buena tinta.
—Pero,
alma de cántaro —exclama Generosa— ¿Qué te has hecho ahora, adivino? ¿Tienes
poderes para saber cuándo se obra un milagro? ¿O si se van a producir apariciones?
—Ni
por pienso, ni poderes, ni apariciones, ni milagros.
—Pues
para broma ya fue bastante.
—No
es ninguna broma, lo se porque me lo ha dicho Don Tomás.
—Esta
si que es buena. ¿Y a él quien se lo ha revelado?
—No
hay ninguna revelación, me ha dado este papel y me ha pedido que por favor viniera
a recibir a la Virgen del pilar que él no podía.
Saca
una hoja del bolsillo, Buscapleitos y
la gacetera se vuelcan extrañados
sobre ella y comienzan a leer.
—Tiñoso,
voy a pagar la apuesta, pero que sepas que eres un trapalero.
Virgilio
se echa a reír, la risa le sale de lo más profundo de su ser, como si estuviera
hueco y apostilla: «Ay, tonto perdío,
si cuando yo digo que la borrica era parda es porque traigo los pelos en la
mano».
Generosa
se aleja, sin decir ni media palabra, reiterando signos de la cruz, uno detrás de
otro, a una velocidad inusitada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario