«Por San Antón, pon gallinita, pon»
Hoy es San Antonio Abad (San Antón),
patrón de los animales o “el día de los borricos” como se decía en mi infancia.
Efectivamente, es así, por eso aprovecho
la oportunidad para felicitar a los dueños y que ellos se lo hagan llegar a los
bichejos en general. En la época que se sitúa la acción predominaban las
caballerías (rara era la casa en que no había cuadra con al menos una), los
perros, las gallinas, las vacas, las ovejas y los guarros. Ahora ha cambiado un
poco el cuento y, a pesar de que sigue habiendo las mismas especies de
entonces, han aumentado sobre todo las mascotas y disminuido hasta casi la
anécdota las bestias de carga, como también se las nombraba.
El siguiente párrafo está extraído de un
relato de mi abuela titulado Recuerdos de Niñez, aproximadamente está hablando
de 1914 y en la casa de su abuelo Andrés situada en la calle de la cadena:
«Por el mes de enero, mis tías hacían
escarapelas para adornar a las vacas, durante las anochecidas junto al brasero.
Estas escarapelas eran para cuando el día 17 salían a dar la vuelta de San
Antón, que era fiesta en el pueblo. Todos los animales domésticos, guiados por
sus amos o criados, daban una vuelta a la iglesia, otra a la ermita y otra a la
picota, y el señor cura los bendecía. Después las mulas y caballos con sus
jinetes corrían por parejas, se hacían apuestas y el que llegaba antes a la
meta ganaba la carrera; y así terminaba la fiesta de los animalitos».

Nuestros padres todavía recuerdan al
“guarroantón” que era un cerdo que durante el año vagaba por las calles del
pueblo en busca de algún parroquiano que le echara los desperdicios; cuando
llegaba este día se sorteaba y el agraciado ya tenía para hacer la matanza, que
entonces era como decir que tenía el invierno casi resuelto en cuanto a la
alimentación. Eso sí, tenía que comprar un corato para que se convirtiera en el
“guarroantón” del año siguiente. En nuestra población es usual el dicho: ¡Estás
hecho un guarroantón! Cuando alguien aparece “atestao” de jarijas,
desaliñado o con lamparones. Esto era debido a que el animal campaba a sus
anchas, hozaba todo lo que se cruzaba en su camino y se revolcaba donde se le
antojaba.
He
tenido un pequeño conciliábulo con gente mayor que es la que ha vivido o, en su
defecto, oído hablar de las cosas de antaño y a la que yo saco y sonsaco todo
lo que puedo. Les “obligo” a que hagan un ejercicio de memoria y a que
rememoren los tiempos de infancia. Al principio les cuesta, pero una vez que
arrancan, se embalan y no es fácil echarles el freno, lo que a mí me viene bien
en mi papel de mero transmisor. Como ampliación me comentaron que el día 17 de
enero, era fiesta grande en nuestro pueblo por la abundancia de animales y,
sobre todo, por la dependencia que de ellos tenían nuestros mayores. Les tenían
que mimar, dentro de sus posibilidades, porque gracias a su trabajo sacaban a
sus familias adelante.
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Me cuentan que los chavales ese día
se colocaban un cinturón de cencerros y desde la amanecida recorrían las calles
corriendo y haciéndolos sonar con lo que por todo el pueblo se escuchaba la
“cencerrá”. En los lugares más emblemáticos como la picota o las plazuelas se
formaban grupos de ellos y se tiraban buenos ratos cimbreando los riñones,
haciendo competición entre ellos para ver quien los hacía sonar con más fuerza.
Después subían a la ermita y así pasaban la mañana.
Todo el mundo acudía a la bendición
de los animalitos y los llevaban hasta la iglesia. A mi madre se la ha quedado
una frase grabada que decían los chavales cuando veían aparecer a las vacas por
lontananza. ¡Ya vienen las vacas de Catalino! ¡Tened cuidao que son muy
reviscas! Esta última palabra, que he de reconocer que hacía mucho tiempo que
no oía, pero está incluida en el diccionario de la RALA (Real Academia de la
Lengua Almorojana). Aclararé para el que no lo sepa que las vacas “reviscas” o
los toros se les decía a los que sin ser de raza brava pura mostraban aviesas
intenciones, tenían la mirada torva y al menor gesto raro se arrancaban y te
podían dar un buen susto. El tío Catalino era uno de los boyeros del pueblo y
tratante de ganado.

También me han relatado que el tío Bonifa
venía con los cerdos en piara y les daba también la vuelta de rigor a la
iglesia. El trabajo que tenía este paisano nuestro era como un pastor de
cerdos. La gente, entonces en muchas casas, que criaba durante el año un cerdo
para la matanza lo llevaba todas las mañanas a un olivar que había en el camino
del Lomo, aproximadamente donde “los Menudos” tenían el almacén y “Bonifa” se
hacía cargo de ellos y les sacaba a pastar al campo. A la caída de la tarde
regresaban al pueblo y parece ser que cada cerdo una vez que “rompían filas” se
iba solito por las calles buscando su casa. Yo no he vivido estas escenas, pero
al que le pueda extrañar este conocimiento de los puercos le diré que yo lo he
visto con las cabras. Estar jugando en la plazuela de los “Boyeros” y llegar mi
vecino Santiago Valverde (Pepe “hocico teite”) con las ovejas a guardar a la
portalera de Marcelino “el quinto” después de tenerlas todo el día pastando en
la “jurición” y venir alguna cabra suelta hacia nosotros y enfilar la calle Ancha
en busca de su domicilio. Una vez llegaban se ponían delante del portillo y los
dueños que tenían calculada la hora salían a la puerta y a la cuadra con ellas.
Nosotros, respetuosamente, parábamos el partido para que no se espantasen.

Con
esto termino. Algunos habréis vivido
estas escenas a otros os las habrán contado, siempre viene bien rememorar las
tradiciones y costumbres.
Esta
entrada es un compendio de las que he hecho otros años en este día, para la
gente que no estuviera entonces enganchada o, simplemente, como recordatorio
para todos.
Pasad buen día de San Antón y a “malcriar”
a vuestros animalillos mascotas que para eso es su día.