viernes, 16 de enero de 2026

Por San Antón, pon gallinita, pon

 

«Por San Antón, pon gallinita, pon»

 

Hoy es San Antonio Abad (San Antón), patrón de los animales o “el día de los borricos” como se decía en mi infancia.

 


Efectivamente, es así, por eso aprovecho la oportunidad para felicitar a los dueños y que ellos se lo hagan llegar a los bichejos en general. En la época que se sitúa la acción predominaban las caballerías (rara era la casa en que no había cuadra con al menos una), los perros, las gallinas, las vacas, las ovejas y los guarros. Ahora ha cambiado un poco el cuento y, a pesar de que sigue habiendo las mismas especies de entonces, han aumentado sobre todo las mascotas y disminuido hasta casi la anécdota las bestias de carga, como también se las nombraba.

 

El siguiente párrafo está extraído de un relato de mi abuela titulado Recuerdos de Niñez, aproximadamente está hablando de 1914 y en la casa de su abuelo Andrés situada en la calle de la cadena:

 

«Por el mes de enero, mis tías hacían escarapelas para adornar a las vacas, durante las anochecidas junto al brasero. Estas escarapelas eran para cuando el día 17 salían a dar la vuelta de San Antón, que era fiesta en el pueblo. Todos los animales domésticos, guiados por sus amos o criados, daban una vuelta a la iglesia, otra a la ermita y otra a la picota, y el señor cura los bendecía. Después las mulas y caballos con sus jinetes corrían por parejas, se hacían apuestas y el que llegaba antes a la meta ganaba la carrera; y así terminaba la fiesta de los animalitos».

Nuestros padres todavía recuerdan al “guarroantón” que era un cerdo que durante el año vagaba por las calles del pueblo en busca de algún parroquiano que le echara los desperdicios; cuando llegaba este día se sorteaba y el agraciado ya tenía para hacer la matanza, que entonces era como decir que tenía el invierno casi resuelto en cuanto a la alimentación. Eso sí, tenía que comprar un corato para que se convirtiera en el “guarroantón” del año siguiente. En nuestra población es usual el dicho: ¡Estás hecho un guarroantón! Cuando alguien aparece “atestao” de jarijas, desaliñado o con lamparones. Esto era debido a que el animal campaba a sus anchas, hozaba todo lo que se cruzaba en su camino y se revolcaba donde se le antojaba.

 

He tenido un pequeño conciliábulo con gente mayor que es la que ha vivido o, en su defecto, oído hablar de las cosas de antaño y a la que yo saco y sonsaco todo lo que puedo. Les “obligo” a que hagan un ejercicio de memoria y a que rememoren los tiempos de infancia. Al principio les cuesta, pero una vez que arrancan, se embalan y no es fácil echarles el freno, lo que a mí me viene bien en mi papel de mero transmisor. Como ampliación me comentaron que el día 17 de enero, era fiesta grande en nuestro pueblo por la abundancia de animales y, sobre todo, por la dependencia que de ellos tenían nuestros mayores. Les tenían que mimar, dentro de sus posibilidades, porque gracias a su trabajo sacaban a sus familias adelante.

        


   Me cuentan que los chavales ese día se colocaban un cinturón de cencerros y desde la amanecida recorrían las calles corriendo y haciéndolos sonar con lo que por todo el pueblo se escuchaba la “cencerrá”. En los lugares más emblemáticos como la picota o las plazuelas se formaban grupos de ellos y se tiraban buenos ratos cimbreando los riñones, haciendo competición entre ellos para ver quien los hacía sonar con más fuerza. Después subían a la ermita y así pasaban la mañana.

 

            Todo el mundo acudía a la bendición de los animalitos y los llevaban hasta la iglesia. A mi madre se la ha quedado una frase grabada que decían los chavales cuando veían aparecer a las vacas por lontananza. ¡Ya vienen las vacas de Catalino! ¡Tened cuidao que son muy reviscas! Esta última palabra, que he de reconocer que hacía mucho tiempo que no oía, pero está incluida en el diccionario de la RALA (Real Academia de la Lengua Almorojana). Aclararé para el que no lo sepa que las vacas “reviscas” o los toros se les decía a los que sin ser de raza brava pura mostraban aviesas intenciones, tenían la mirada torva y al menor gesto raro se arrancaban y te podían dar un buen susto. El tío Catalino era uno de los boyeros del pueblo y tratante de ganado.

            También me han relatado que el tío Bonifa venía con los cerdos en piara y les daba también la vuelta de rigor a la iglesia. El trabajo que tenía este paisano nuestro era como un pastor de cerdos. La gente, entonces en muchas casas, que criaba durante el año un cerdo para la matanza lo llevaba todas las mañanas a un olivar que había en el camino del Lomo, aproximadamente donde “los Menudos” tenían el almacén y “Bonifa” se hacía cargo de ellos y les sacaba a pastar al campo. A la caída de la tarde regresaban al pueblo y parece ser que cada cerdo una vez que “rompían filas” se iba solito por las calles buscando su casa. Yo no he vivido estas escenas, pero al que le pueda extrañar este conocimiento de los puercos le diré que yo lo he visto con las cabras. Estar jugando en la plazuela de los “Boyeros” y llegar mi vecino Santiago Valverde (Pepe “hocico teite”) con las ovejas a guardar a la portalera de Marcelino “el quinto” después de tenerlas todo el día pastando en la “jurición” y venir alguna cabra suelta hacia nosotros y enfilar la calle Ancha en busca de su domicilio. Una vez llegaban se ponían delante del portillo y los dueños que tenían calculada la hora salían a la puerta y a la cuadra con ellas. Nosotros, respetuosamente, parábamos el partido para que no se espantasen.

           

 Con esto termino.  Algunos habréis vivido estas escenas a otros os las habrán contado, siempre viene bien rememorar las tradiciones y costumbres. 

Esta entrada es un compendio de las que he hecho otros años en este día, para la gente que no estuviera entonces enganchada o, simplemente, como recordatorio para todos.

 

Pasad buen día de San Antón y a “malcriar” a vuestros animalillos mascotas que para eso es su día.

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