domingo, 22 de diciembre de 2019

EN EL MALECÓN


Diminutos cristales brillan sobre la calzada. Aún no es de día. A los escasos transeúntes que caminan por la calle se les escapa el vaho a través de los tapabocas. Sus sombras se reflejan sobre los muros proyectadas por la amarillenta luz de los faroles. La Navidad se acerca. Siente frío, mucho frío. Un señor de los que le saludan todos los días le consiguió un gorro con orejeras, al estilo ruso y eso le ha venido fenomenal. Otro le ha regalado un abrigo de esos deportivos, con mucha guata, bastante resistente al frío. Su amigo Gerôme dice que le recuerda al muñeco de Michelín. Es muy gracioso. En su compañía es más llevadero este clima infernal.
          Nicolás lleva unos meses en España y los recuerdos habaneros le fustigan de forma reiterada, más, si cabe, en las fechas que se acercan. Se recuerda corriendo en sandalias por el malecón, festejando junto a sus compadres. Formaban gran algarabía mientras quemaban el muñecón de año viejo. Un hervidero de gente bailando alrededor al son de guitarras y maracas. No tenían posesiones materiales apenas, pero eran felices y olvidaban sus miserias durante estas celebraciones. Música y algún tiento a la botella de ron que mercaba algún conocido, con eso pasaban la noche.
Aunque todo pasaba por el tamiz del gobierno, no dejaba de reconocer que era un privilegiado. Había realizado estudios superiores de manera gratuita, incluido transporte y manutención. Por ser médico rural disponía de un vehículo para desempeñar su trabajo. Lo aprovechaba para dejar a su esposa Evia en lugares estratégicos donde hacían parada los autobuses de turistas. Con la parte de sueldo que le quedaba, después de rendir cuentas al erario, compraban frutas variadas, exóticas para los visitantes y su mujer se dedicaba a hacer zumos y venderlos. Habían conseguido una vetusta licuadora en el mercado negro y con ella habían aumentado bastante la producción. Los turistas pagaban en dólares. Podían considerarse unos verdaderos afortunados si miraban a su alrededor. Entre los vecinos se socorrían. Los tenían que ayudar en muchas ocasiones porque la solidaridad estaba instaurada en todos los rincones de su barriada y había muchísima gente pasándolo mal. En Navidad adquirían y realizaban la distribución de los ingredientes necesarios para elaborar una provechosa cena en la que no faltasen postres típicos como las galletas de azúcar y los pasteles de ron.
          Tenía amigos que habían marchado a España. Mandaban dinero a sus familiares. Le enseñaron vídeos en que multitud de personas iba a Centros comerciales inmensos y compraba ropa y comida sin cortapisas. Se le metió en la cabeza que podía hacer como ellos. Parecía un buen lugar y el idioma, que suele ser un freno en los inicios, no supondría ningún obstáculo. Se lo comentó a Evia. Se sorprendió bastante. Le gustaba la vida que llevaban en la isla, siempre había pensado que a Nicolás también. A ella no la engatusaban con unos vídeos del gran despilfarro que suponía la sociedad de consumo.  Sabía a ciencia cierta que había muchos compatriotas que una vez allí no les iba tan fenomenal como lo pintaban los que le mostraban aquellas imágenes. Pasaban necesidad, no tenían techo donde cobijarse. Eso en Cuba, a pesar de las estrecheces, no ocurría. Pero Nicolás, desde aquel día cambio de actitud. Parecía que le habían activado un resorte en el cerebro. Dejó de prestar ayuda a sus convecinos. Nada más que vivía para reunir dinero y dar el salto en cuanto tuviera ocasión. Le presentaron a individuos que se dedicaban a preparar el tránsito, los contrarrevolucionarios.
          Meses después tuvo todo dispuesto y se lo comunicó a Evia, a hechos consumados. Ella había intentado desactivar la obsesión que acaparaba su mente durante ese tiempo. Se había mostrado activa, haciéndole nuevas propuestas para su vida en común. Nicolás callaba, se mostraba inexpresivo, contestaba con evasivas, pero como estaba comprobando esa noche, no había conseguido mermar ni un ápice su ilusión:
—Cariño, el lunes embarco, me han inscrito en un congreso médico en Guadalajara, una ciudad cercana a Madrid, me quedaré allí y no pienso regresar. Puedes acompañarme. Han falsificado un documento de identidad para ti, porque los milicos nunca consentirían que un matrimonio abandonase el país al mismo tiempo. Está muy logrado. Figuras en él como doctora y también te han confeccionado una invitación para el mismo congreso. Estos compañeros tienen experiencia. Aunque incómodo, el viaje en barco es más económico y no está sometido a un control tan férreo.
—Al final te vas a salir con la tuya. Necesito tiempo para pensarlo, veo que no dispongo de mucho. Es duro cambiar el decorado de tu vida de un día para otro, estoy muy a gusto aquí. Sabes que te quiero demasiado para dejarte ir sólo, pero me disgusta que hayas hecho todos estos planes sin consultarme.
—Era la única forma, la más rápida. Perdona mi egoísmo. Tu concurso hubiera ralentizado la decisión o la hubiera desbaratado. Sabes que es mi gran anhelo, pero sin ti no soy nada.  

Los planes iniciales zozobraron totalmente durante la travesía. Ya en el proceso de embarque descubrieron la añagaza que habían preparado para Evia. La interceptaron los del control aduanero. A pesar de que se le abrían las carnes mientras la bajaban por la escalerilla del trasatlántico, tuvo que mantenerse impasible para no levantar la más ligera sospecha. Fue desgarrador. Cuando llegó a Cádiz había desaparecido el equipaje. En su interior tenía todos los títulos que acreditaban su profesión y los contactos que le facilitarían sus primeros pasos en España. Consiguió llegar a Madrid y se le ocurrió presentarse en la embajada. Allí lo trataron como un perro por traidor. Fue un incauto. A los pocos días de llegar ya estaba pensando en el regreso. Contactó con cubanos que le consiguieron trabajo, ocupaciones que nunca había realizado, pero no había otra alternativa: limpiacristales, jardinero, peón de albañil. Le dijeron que en unos meses juntaría plata suficiente para la vuelta, pero que no se obsesionara, a lo mejor entonces ya no quería regresar, que lo peor son los inicios, pero al final te acostumbras. A Nicolás se le hizo todo muy cuesta arriba, no veía salida, se dio a la bebida y perdía en poco tiempo todos los trabajos que le iban ofreciendo. Echaba de menos Cuba y sobremanera a Evia. Según pasaban los días veía más difícil poderse reunir con ella de nuevo.
Acabó durmiendo entre cartones, bien acompañado. La solidaridad imperaba entre los sintecho. Cuando amanecía se sentaba en una esquina bastante transitada que le había aconsejado Gerôme y juntaba unos cuantos euros. Con ellos compraba comida y bebida en un supermercado cercano. El personal ya lo conocía, era amable y comprensivo, lo trataba bien. Cuando le faltaba un poco de dinero se lo perdonaban. En ocasiones le regalaban algo de comida y agua mineral. Nada de alcohol. Además, lo regañaban. No es fácil resistir a la intemperie sin caldearse un poco por dentro. Hoy hicieron una excepción. Le dieron tres botellas de sidra para compartir con sus amigos. Era Nochebuena. Los municipales hicieron la vista gorda, pasaron de largo a pesar de que habían hecho lumbre para calentarse y asar un poco de panceta en los soportales. Los voluntarios del Samur Social les hicieron una visita, les trajeron caldo que les templó el cuerpo. Animados por el ambiente festivo que se respiraba por doquier se arrancaron con unos villancicos tradicionales españoles que acompañó golpeando rítmicamente dos botellas entre sí.
Dieron cuenta de la sidra, la hoguera se extinguió, disminuyó el alboroto de la calle, le invadió de nuevo la tiritona. Llevaba una semana temblando sin tregua apenas. Sus compañeros lo aconsejaron que se lo dijera al personal del Samur. Estaban preocupados. Les prometió que se acercaría al día siguiente. Lo dejaron tumbarse cerca del rescoldo, se tapó con los cartones y no tardó en quedarse dormido. Su sueño le lleva una vez más a Cuba y a Evia, por fin se han reencontrado. Ella le dedica la mejor sus sonrisas, esa que siempre consigue desactivar todas sus defensas y sucumbir sin remisión. Están abrazados en el malecón, frente al mar. Su rumor cadencioso le transmite paz. Levanta la vista, el cielo lo envuelve cuajado de estrellas. 
Cuando apuntaba la claridad del día sus amigos se desperezaron y comprobaron que Nicolás había dejado de tiritar.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

LA VIRGEN DEL PILAR LLEGA A ALMOROX EN EL GATO



—¡Amos anda!
—Lo que yo te diga.
Purrún tia Pola.
—Tan cierto como que hay Dios.
—Que no me la das Virgilio.
—¿Qué te juegas?
—Unos chatos y una fuente de callos en el bar de Amancio.
—Trato hecho.
Enfrascados en esta disputa se hallan Nicolás buscapletitos y Virgilio, el Tiñoso sentados en el primer escalón de la picota. Al pasar a su lado, con el cesto de la compra en la mano, Generosa, la capitana de las gacetas, va con la antena puesta y pregunta al dúo de las escalinatas:
—¿Qué tejemanejes os traéis, perillanes?
—Este —contesta Nicolás—, que me sale con que está esperando al coche de línea, porque hoy viene en el Gato, desde Madrid, la Virgen del Pilar.
—¡Santísimo Cristo de la Piedad! No digas sacrilegios Tiñoso, que no hay que mentar en vano a Santos y a Vírgenes.
—No es sacrilegio, que lo sé de buena tinta.
—Pero, alma de cántaro —exclama Generosa— ¿Qué te has hecho ahora, adivino? ¿Tienes poderes para saber cuándo se obra un milagro? ¿O si se van a producir apariciones?
—Ni por pienso, ni poderes, ni apariciones, ni milagros.
—Pues para broma ya fue bastante.
—No es ninguna broma, lo se porque me lo ha dicho Don Tomás.
—Esta si que es buena. ¿Y a él quien se lo ha revelado?
—No hay ninguna revelación, me ha dado este papel y me ha pedido que por favor viniera a recibir a la Virgen del pilar que él no podía.
Saca una hoja del bolsillo, Buscapleitos y la gacetera se vuelcan extrañados sobre ella y comienzan a leer. 

 —La imagen y la peana, no la Virgen, que no hay que cogerlo todo talmente.
—Tiñoso, voy a pagar la apuesta, pero que sepas que eres un trapalero.
Virgilio se echa a reír, la risa le sale de lo más profundo de su ser, como si estuviera hueco y apostilla: «Ay, tonto perdío, si cuando yo digo que la borrica era parda es porque traigo los pelos en la mano».
Generosa se aleja, sin decir ni media palabra, reiterando signos de la cruz, uno detrás de otro, a una velocidad inusitada.

lunes, 4 de noviembre de 2019

DE HOMBRES ES ERRAR...


Esta noche llego tarde
que el asno se me escapó,
si sientes pisás de burro
no te asustes, ¡que soy yo!


Un juicio que tuvo lugar en Torrijos por un hecho acaecido quince días antes de nacer el que os escribe en el que se vieron involucrados dos almorojanos y un vecino de Portillo. El 3 de agosto de 1965. Llegó a mis manos y me resultó bastante curioso, algo jocoso y significativo de las escenas cotidianas que se daban en la España de hace más de cincuenta años.

Aparte de la historia, que comentaré posteriormente, una de las cosas que me sorprendió gratamente fue la cantidad de sinónimos con que el señor juez nombra al mamífero involucrado en el suceso. jumento, pollino, caballería, asno, burro, animal, le ha faltado borrico, que también se emplea bastante en estos lares, o se empleaba, porque la verdad es que, debido a la escasez de estos equinos, cada vez se los tiene que mentar menos.
Sentencia-Anverso


Sentencia-Reverso
Queda gracioso el suceso si uno se imagina la forma de producirse. En un camino, el jinete, montando a pelo, se cruza con una furgoneta. Con una mano sujeta el ramal y con la otra una cesta de tomates que mantiene abrazada a su cuerpo y no suelta por nada del mundo, hasta que da con sus huesos en el suelo. Achaca el interfecto que el furgonetero hizo sonar el claxon y por eso se espantó el burro y le hizo caer de bruces. Esto le causó lesiones y tuvo que estar catorce días sin trabajar por lo que pide el pago de daños y perjuicios.


El dueño del 2 CV (dos caballos) alega que no hizo tal, sino que el asno al llegar a su altura se espantó e hizo caer a su dueño sobre el capó. Además, emplea en sus alegaciones un sustantivo distinto para hacer referencia al jumento, lo llama semoviente. O era muy culto o se lo redactó algún escribiente o abogadillo más leído que es lo que yo deduzco.
Pliego de descargo


Al final el juez absuelve al almorojano porque no se pudo probar lo que decía el descabalgado.

Echadlo un vistazo y me comentáis que os parece el caso y la forma en que el juez lo resuelve.

jueves, 24 de octubre de 2019

¡QUÉ ARTE TIENE ALMOROX!


El sábado pasado desempolvando papeles, fotos y documentos antiguos que me ofreció amablemente Puri, sabedora de mi pasión por ellos, apareció este texto breve pero sustancioso hablando de nuestro pueblo de su arte, de sus monumentos, de sus medios de vida, de sus fiestas y costumbres. Se trata del reverso de un calendario, no sé si del año 1954 o 1964 porque está cortado por la mitad la cifra y el dígito de las decenas puede ser un seis o un cinco, pero tanto da. 
Me gustó y como a mí no se me queda nada en la boca o, por mejor decir, en el tintero, hoy lo comparto con vosotros. Desconozco el autor.



domingo, 13 de octubre de 2019

SINESIO SILBÁN DÍAZ


Nació en Almorox el 21 de mayo de 1877, hijo de Andrés Silbán del Casar y de Eladia Díaz González. Sinesio tuvo la posibilidad de estudiar, cosa poco corriente en aquellos tiempos. Era el primogénito y varón de una familia acomodada, terminó los estudios de bachillerato en el Instituto de San Isidro el 3 de julio de 1893. Su padre había sido secretario de nuestro consistorio también (recordad que el 7 de marzo de 1905 cuando tuvo lugar la visita del rey todavía estaba ejerciendo), por eso a mi abuela, sobrina y nieta respectivamente de ambos, y a sus primas hermanas las llamaron siempre Las secretarias.


En la revista literaria “Reflejos”, en el número de junio de 1921 le dedican un artículo (Recorte cabecera): “Hombres que valen” que la verdad, aparte del lenguaje alambicado y engolado que emplean, es una suma de alabanzas y bondades las que afirman que te quedas un poco traspuesto ante el despliegue (gran corazón, clara inteligencia, alma templada, nobles sentimientos, laboriosidad infatigable, pericia, prestigiosa persona…). La verdad es que le ponen en los cuernos de la luna.



En el diario de La patria, de abril de 1928, al que dediqué la cuarta de mis intrahistorias sale una foto suya y al pie reza lo siguiente: “D. Sinesio Silván Díaz, Veterano y culto secretario municipal de Almorox (Toledo)”; y ya dentro del texto también le menciona:
«Como apoteosis, tiene en cartera don Maximiliano Escudero, prestigiosísimo alcalde-presidente de Almorox, decano de los alcaldes toledanos –ya lo fue en el anterior régimen-,construir con el concurso de sus compañeros de concejo, don Martiniano Silván y don Sabas Fernández Martín, tenientes de alcalde primero y segundo, respectivamente, y todos muy bien orientados, encauzados y asesorados por esta institución municipal que en Almorox, alegre pueblo de la provincia de Toledo, se llama don Sinesio Silván Díaz, un magnífico Grupo Escolar con seis secciones o grados, en terrenos ya previamente cedidos por este Ayuntamiento al Estado».

         En el diario El Alcázar que destina a Almorox el 9 de febrero de 1943 un monográfico también le menciona; Nombra a los componentes de la corporación municipal encabezados por el alcalde Honorio Silván, Octavio Arias, Martín Silván, Andrés Muñoz, Juan Valverde, Maximino Testillano, Enrique Parro, Pedro Parro y Alberto Díaz, asesorados con gran acierto por el secretario Sinesio Silván Díaz.

         Ejerció cerca de cuarenta años en el Ayuntamiento de nuestra Villa. Durante su ejercicio profesional e incluso después de la jubilación la gente, principalmente humilde, iba en casa de mi abuela, ya que sabían que paraba allí. No tuvo hijos, hacía visita diaria a su sobrina y familia. Le consultaban sus dudas, las formas de solicitar esto o aquello, como realizar ciertos trámites, buscaban más que asesoría un consejo amigo y que, con su vasta experiencia, les arrojara luz y ayudara con los papeles. Aunque huelga decirlo, todo gratuito.       
         Aparte también iban a visitarle personas de la corporación, concejales, alcaldes por el mismo motivo, estos ya a nivel municipal. Vivió a veces circunstancias y épocas convulsas, tuvo que templar gaitas para que no se hicieran ciertas cosas que él consideró inaceptables. Siempre buscó lo mejor para su pueblo y veló por el ayuntamiento. Me cuentan que después de guerra, donde no había dinero ni para comer, cuanto menos para papelajos, él daba la vuelta a los sobres para usarlos dos veces, reutilizaba todo lo susceptible de reutilización. Podía decirse que fue un precursor del reciclaje sin saberlo.        

Os pido que leáis con atención, es breve pero intenso, el «Discurso de entrega de la Medalla al mérito en el trabajo» En él se intuyen todas las premisas que debe observar un servidor público y sobre todo, y es lo que a mí me ha llegado más hondo, el orgullo por ser hijo de Almorox. Nada de vanaglorias ni de prepotencias. Ofrecimiento a seguir ayudando con su vasta experiencia en cuanto se lo pidan. Desconozco la fecha, pero debió ser en la década de los cincuenta del siglo pasado.


«Contando previamente con vuestra benevolencia y cariño, no he vacilado en levantarme a dirigiros estas breves palabras, a pesar de que sabéis todos que carezco de dotes oratorias, al no haber hablado en mi vida al público y de estar hondamente emocionado por el acto que se está celebrando en mi honor.
Sin embargo, me he atrevido a ello en primer lugar, para dar las más cordiales gracias al Señor alcalde y Corporación municipal por haber acordado la concesión de esta medalla del trabajo que se me ha impuesto, y en segundo lugar, a todos vosotros por la asistencia tan nutrida al acto, demostrando con ello gran complacencia y entusiasmo, asociándose en un todo al acuerdo del Ayuntamiento.
Ya que dentro de poco tiempo cesaré en el cargo de secretario del Ayuntamiento obligado a ello por la edad y por mi estado de la vista, tengo que haceros presente que me perdonéis si a alguno no le he atendido como debía; que sepa y le conste que sin duda habrá obedecido a ser una cosa contraria a la ley, y que hubiera acarreado graves perjuicios y responsabilidades.
Ya termino, y sólo me queda deciros que como hijo de nuestro pueblo mi deseo y anhelo único es que el que venga a sustituirme se desvele y mire por esta casa, aunque no sea más que como yo he procedido y que, si en algo puedo seguir siendo útil al pueblo y a vosotros, no tengáis reparo ni inconveniente en consultarme lo que sea, en la seguridad de que siempre me tenéis a vuestra disposición.»
Sinesio Silbán Díaz


Acabó sus días el 9 de abril de 1969 también en nuestro pueblo, faltándole un mes para cumplir los noventa y dos años. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

1887 (Círculo de la amistad)



Acta de una reunión del “Círculo de la amistad” llamado popularmente “el casino” y que muchos de nosotros hemos conocido. Mi padre sin ir más lejos cuando yo era un zagal rara era la noche que no se iba a tomar algo y a echar la partida al casino.
Este acta esta fechada el 9 de enero de 1887. La traigo a colación por las personas que aparecen en ella, de los que alguno de vosotros habréis oido hablar. Otros es lógico que no sepáis de su existencia, pero tuvieron que ver y mucho con los años de prosperidad de nuestro pueblo.

El secretario que la transcribe con caligrafía cuidada es Felipe Vázquez Blanco, maestro de gran predicación y mérito. Entre otros cargos llegó a ser inspector de educación de la provincia. Publicó varios libros, todos ellos de corte instructivo y pedagógico, como el manual titulado: Teoría y práctica de la agricultura para niños y adultos*. Se le puso su nombre a una calle, la conocida popularmente como de Escalona, precisamente donde estuvieron las escuelas ubicadas hasta que se inauguraron las de la puerta de la Iglesia. Ya veis que en este tiempo en que había que tirar de pluma (con Washap sería más fácil) la letra que tiene el señor, quizá demasiado engolada si la comparamos con la que se lleva hoy, pero si ponéis interés se entiende prácticamente todo.

  Timoteo Silbán del Casar. La reunión se produce para hacerle un homenaje de despedida del pueblo y un renocimiento especial por haber sido uno de los socios fundadores y artífices de la sociedad debido a que abandona Almorox. Como veis en el escrito había sido destinado a Puente-Areas como juez de instrucción, también estuvo destinado en Murcia entre otros lugares. ¿Había gente con estudios superiores en el siglo XIX en Almorox? Contados, pero los había. A lo mejor os cuadra más si os digo que Timoteo era hijo de Olaya del Casar Benito, la famosa “tía Olaya” que da nombre oficioso a su plazuela. Esta señora tenía uno de los grandes capitales del pueblo y como veréis su renombre ha llegado hasta nuestros días. Nació en Almorox en 1810. Se casó con Julián Silbán Escudero el 18 de mayo de 1833. Enviudó y tuvo que hacerse cargo de la hacienda, debía ser una mujer de rompe y rasga y de muchos posibles para que su fama haya trascendido hasta nuestros días. Su casa todavía existe aunque está bastante deteriorada. Vivía donde habitó Filito hasta que falleció. La madre de este, Eladia, era biznieta de la tía Olaya.

*Máximo Parro Carrasco "Personajes en la vida de Almorox"