La
afición que ha existido siempre en España por el deporte del balompié no se
correspondía con los logros obtenidos por la
roja —entonces todavía no se había acuñado este término—. Había un maestro,
Manuel Maroto Bolonio (Don Manuel) que ejerció en nuestro pueblo desde 1968 a 1978 era un
apasionado de este deporte y con su insistencia consiguió que la tarde del 30
de noviembre de 1977, el horario vespertino de entrada a las escuelas se
corriera media hora, es decir, en vez de a la 15:00 horas acudimos a las 15:30
horas. Y no hubo distingos, fue para toda la comunidad educativa: niños, niñas,
maestros y maestras.
El
encuentro tenía unos tintes épicos porque era el partido definitivo para
clasificarnos para el mundial de Argentina
78. Para poneros en situación os diré que Belgrado era la capital de la
Yugoslavia comunista de Tito, que hoy se ha disgregado en siete países (Serbia,
Bosnia Herzegovina, Eslovenia, Croacia, Macedonia, Montenegro y Kosovo).
Estábamos en la época del telón de acero. Ellos, evidentemente, tenían tanto
interés como nosotros por clasificarse. El ambiente se caldeó mucho, los
jugadores no pudieron salir a calentar, lo tuvieron que hacer en los bajos del
estadio porque corrían serio peligro. Hubo una batalla campal consentida por el
árbitro —entradas a destiempo, empujones, tanganas—, que también era humano y
se acongojó con el entorno.
Acabó
bien la cosa. Tras una jugada de Juanito
Maravilla Gómez, antes de llegar a la
frontal del área abre a la izquierda, por allí aparece Julio flaco Cardeñosa que consigue centrar
pasado antes de que el esférico traspase la línea de fondo y, en el vértice
derecho del área chica, aparece El
pescador Rubén Cano, que empala el esférico y lo aloja al fondo de la red
¡Gooool de España! a quince minutos del final. Pero antes del término del
partido quedó otra imagen para el recuerdo. Juan
Gómez Juanito —como jugador un espectáculo pero de
carácter fuerte y algo polémico—, fue sustituido en los últimos minutos y no se
le ocurrió otra cosa que, viendo como estaba el panorama en la grada, dirigirse
a ella con el pulgar hacia abajo, reiteradas veces. El masajista, que había
salido a su encuentro bajó y le tapó la mano precipitadamente con una chaqueta
de chándal. Cuando ya iba a entrar en el banquillo estalló en su cabeza una
botella llovida del cielo. Entonces ¡ay amigo! no había botellitas de plástico
como ahora, fue un envase de cristal lo que golpeó a nuestro jugador, el cual
quedó tendido en el suelo como muerto. Nuestros jugadores acudieron corriendo y
se volvió a formar un rifi rafe más
en el bronco encuentro.
Yo
tenía por aquel entonces once años. Me
acuerdo que lo ví en casa de mi tía Aurora, con toda la familia. Los chavales
después del partido nos dirigimos a las escuelas; según nos acercábamos iba
saliendo de las bocacalles numerosa chiquillería. La conversación —por mejor decir
vocerío—, no podía ser otra. El partido ganado, el gol de España y el botellazo
a Juanito. Cuando subíamos por la
calleja del cuartel se empezaron a oír unas voces. Resulta que durante unos
años vivió en el pueblo una tía de Juanito, el
futbolista, conocida por los almorojanos como la malagueña (Isabel Gómez
Ruiz), junto con su marido y su hija. La gente gritaba: «¡A la malagueña la ha dado un soponcio!»
Parece ser que estaba viendo la televisión cuando le dieron el botellazo al
sobrino y al verle en el suelo exánime se impresionó y cayó redonda.
Además
de la batalla de Belgrado quería
hablaros de este año 1977 y de la chiquillería almorojana. A cualquier chaval
de hoy en día le dices que para nosotros fue emblemático ese año porque por
primera vez tuvimos porterías en las escuelas y lo flipa, pero hay que
extrapolar épocas y circunstancias. Manuel Maroto, el maestro que nombré al
principio, insistió y tras muchos avatares consiguió que se trajeran unas
porterías al patio de las escuelas, todavía en suelo de tierra. Hizo mucho por
el deporte escolar, principalmente por el fútbol, que era su pasión. Movió los
hilos e incordió a las instancias superiores para que algo que parece
actualmente tan simple llegara a buen término.
Para
que os hagáis una idea de lo que supusieron esas porterías para unos niños de
la década de los setenta del siglo pasado os daré un dato. Meses atrás
charlando con Hernán Silván, amigo de la infancia, me dijo que sabía la fecha
exacta porque lo había apuntado en su diario. No es para menos. Entonces las
únicas porterías que había en la población estaban en el campo de fútbol del
pinar y allí subíamos como mucho los domingos con nuestras familias para pasar
una tarde de merienda y juegos entre los pinos. Alguna vez conseguimos
convencer a los maestros y subir a pasar la jornada en el pinar con un
bocadillo, pero lo normal si íbamos de paseo eran tardes primaverales y lugares
más cercanos: ermita, río de los molinos y pare usted de contar. Dejamos de decir
¡alto! o ¡poste! cuando jugábamos en las escuelas, lo que evitó algún enganchón
que otro. Lo del fuera de juego y las faltas al carecer de árbitro siguió
generando polémica, pero algo de vidilla tenía que quedar.
Don
Manuel organizó un torneo con varios equipos de fútbol sala, deporte incipiente
entonces, ya que lo único que se conocía era el fútbol once. Para nosotros hubo
un antes y un después del año 1977. Publicaba las clasificaciones y los
goleadores en el tablón de anuncios los lunes, ya que jugábamos los domingos
por la tarde. Le ayudábamos a marcar el campo y él arbitraba, apuntaba, se
encargaba de la logística…
Una
anécdota más del citado año para que veáis que uno casi ha conocido el candil.
Bromas aparte me refiero al balompié ya que hoy la intrahistoria va de ese
tema. Un lunes de invierno por la tarde, viendo en mi casa con Hernán el
programa Estudio Estadio, que se daba
un día después de los partidos de liga —no se obtenían las imágenes tan bien y
tan pronto como ahora—, por primera vez presenciamos las jugadas polémicas de
la última jornada en la moviola.
Consistía la función en que una vez vistas las imágenes, para analizarlas en
cámara lenta, los muñecos (los jugadores) iban corriendo marcha atrás hasta el
inicio de la secuencia; pues bien, eso de que fueran para delante y para detrás
reiteradas veces, como si fueran peleles, nos produjo tales risotadas que
¡hasta lagrimones nos caían!
Os
adjunto unas fotos: Don Manuel con el equipo alevín de fútbol de Almorox,
publicada en el diario AS, tomada en el patio
de armas del castillo de Escalona, ya que muchos no sabrán que allí estuvo
su campo de fútbol durante muchos años. Algunos de los componentes de ese grupo
me consta que son usuarios o padres de usuarios de esta página de Facebook;
supongo que les hará ilusión verse después de tanto tiempo. Asimismo, una
instantánea de la malagueña, la tía
de Juanito Gómez, cuando formó parte de la
sargentería. También imágenes de prensa, fotos y hasta la entrada de la famosa Batalla de Belgrado.
Por
último, un enlace de Youtube en el que, en minuto y medio, aparecen los dos hechos más recordados de ese
partido: El gol de Rubén Cano y el botellazo a Juanito.
Gol de Ruben Cano y botellazo a Juanito
Otro día os contaré alguna cosa de nuestro querido pueblo por si puede resultar de vuestro interés.