miércoles, 3 de diciembre de 2025

HISTORIAS DE LA INTRAHISTORIA DE ALMOROX (21)

 

La afición que ha existido siempre en España por el deporte del balompié no se correspondía con los logros obtenidos por la roja —entonces todavía no se había acuñado este término—. Había un maestro, Manuel Maroto Bolonio (Don Manuel) que ejerció en nuestro pueblo desde 1968 a 1978 era un apasionado de este deporte y con su insistencia consiguió que la tarde del 30 de noviembre de 1977, el horario vespertino de entrada a las escuelas se corriera media hora, es decir, en vez de a la 15:00 horas acudimos a las 15:30 horas. Y no hubo distingos, fue para toda la comunidad educativa: niños, niñas, maestros y maestras.

El encuentro tenía unos tintes épicos porque era el partido definitivo para clasificarnos para el mundial de Argentina 78. Para poneros en situación os diré que Belgrado era la capital de la Yugoslavia comunista de Tito, que hoy se ha disgregado en siete países (Serbia, Bosnia Herzegovina, Eslovenia, Croacia, Macedonia, Montenegro y Kosovo). Estábamos en la época del telón de acero. Ellos, evidentemente, tenían tanto interés como nosotros por clasificarse. El ambiente se caldeó mucho, los jugadores no pudieron salir a calentar, lo tuvieron que hacer en los bajos del estadio porque corrían serio peligro. Hubo una batalla campal consentida por el árbitro —entradas a destiempo, empujones, tanganas—, que también era humano y se acongojó con el entorno.

Acabó bien la cosa. Tras una jugada de Juanito Maravilla Gómez, antes de llegar a la frontal del área abre a la izquierda, por allí aparece Julio flaco Cardeñosa que consigue centrar pasado antes de que el esférico traspase la línea de fondo y, en el vértice derecho del área chica, aparece El pescador Rubén Cano, que empala el esférico y lo aloja al fondo de la red ¡Gooool de España! a quince minutos del final. Pero antes del término del partido quedó otra imagen para el recuerdo. Juan Gómez Juanito —como jugador un espectáculo pero de carácter fuerte y algo polémico—, fue sustituido en los últimos minutos y no se le ocurrió otra cosa que, viendo como estaba el panorama en la grada, dirigirse a ella con el pulgar hacia abajo, reiteradas veces. El masajista, que había salido a su encuentro bajó y le tapó la mano precipitadamente con una chaqueta de chándal. Cuando ya iba a entrar en el banquillo estalló en su cabeza una botella llovida del cielo. Entonces ¡ay amigo! no había botellitas de plástico como ahora, fue un envase de cristal lo que golpeó a nuestro jugador, el cual quedó tendido en el suelo como muerto. Nuestros jugadores acudieron corriendo y se volvió a formar un rifi rafe más en el bronco encuentro.

Yo tenía por aquel entonces once años.  Me acuerdo que lo ví en casa de mi tía Aurora, con toda la familia. Los chavales después del partido nos dirigimos a las escuelas; según nos acercábamos iba saliendo de las bocacalles numerosa chiquillería. La conversación —por mejor decir vocerío—, no podía ser otra. El partido ganado, el gol de España y el botellazo a Juanito. Cuando subíamos por la calleja del cuartel se empezaron a oír unas voces. Resulta que durante unos años vivió en el pueblo una tía de Juanito, el futbolista, conocida por los almorojanos como la malagueña (Isabel Gómez Ruiz), junto con su marido y su hija. La gente gritaba: «¡A la malagueña la ha dado un soponcio!» Parece ser que estaba viendo la televisión cuando le dieron el botellazo al sobrino y al verle en el suelo exánime se impresionó y cayó redonda.

Además de la batalla de Belgrado quería hablaros de este año 1977 y de la chiquillería almorojana. A cualquier chaval de hoy en día le dices que para nosotros fue emblemático ese año porque por primera vez tuvimos porterías en las escuelas y lo flipa, pero hay que extrapolar épocas y circunstancias. Manuel Maroto, el maestro que nombré al principio, insistió y tras muchos avatares consiguió que se trajeran unas porterías al patio de las escuelas, todavía en suelo de tierra. Hizo mucho por el deporte escolar, principalmente por el fútbol, que era su pasión. Movió los hilos e incordió a las instancias superiores para que algo que parece actualmente tan simple llegara a buen término.

Para que os hagáis una idea de lo que supusieron esas porterías para unos niños de la década de los setenta del siglo pasado os daré un dato. Meses atrás charlando con Hernán Silván, amigo de la infancia, me dijo que sabía la fecha exacta porque lo había apuntado en su diario. No es para menos. Entonces las únicas porterías que había en la población estaban en el campo de fútbol del pinar y allí subíamos como mucho los domingos con nuestras familias para pasar una tarde de merienda y juegos entre los pinos. Alguna vez conseguimos convencer a los maestros y subir a pasar la jornada en el pinar con un bocadillo, pero lo normal si íbamos de paseo eran tardes primaverales y lugares más cercanos: ermita, río de los molinos y pare usted de contar. Dejamos de decir ¡alto! o ¡poste! cuando jugábamos en las escuelas, lo que evitó algún enganchón que otro. Lo del fuera de juego y las faltas al carecer de árbitro siguió generando polémica, pero algo de vidilla tenía que quedar.

Don Manuel organizó un torneo con varios equipos de fútbol sala, deporte incipiente entonces, ya que lo único que se conocía era el fútbol once. Para nosotros hubo un antes y un después del año 1977. Publicaba las clasificaciones y los goleadores en el tablón de anuncios los lunes, ya que jugábamos los domingos por la tarde. Le ayudábamos a marcar el campo y él arbitraba, apuntaba, se encargaba de la logística…

Una anécdota más del citado año para que veáis que uno casi ha conocido el candil. Bromas aparte me refiero al balompié ya que hoy la intrahistoria va de ese tema. Un lunes de invierno por la tarde, viendo en mi casa con Hernán el programa Estudio Estadio, que se daba un día después de los partidos de liga —no se obtenían las imágenes tan bien y tan pronto como ahora—, por primera vez presenciamos las jugadas polémicas de la última jornada en la moviola. Consistía la función en que una vez vistas las imágenes, para analizarlas en cámara lenta, los muñecos (los jugadores) iban corriendo marcha atrás hasta el inicio de la secuencia; pues bien, eso de que fueran para delante y para detrás reiteradas veces, como si fueran peleles, nos produjo tales risotadas que ¡hasta lagrimones nos caían!

Os adjunto unas fotos: Don Manuel con el equipo alevín de fútbol de Almorox, publicada en el diario AS, tomada en el patio de armas del castillo de Escalona, ya que muchos no sabrán que allí estuvo su campo de fútbol durante muchos años. Algunos de los componentes de ese grupo me consta que son usuarios o padres de usuarios de esta página de Facebook; supongo que les hará ilusión verse después de tanto tiempo. Asimismo, una instantánea de la malagueña, la tía de Juanito Gómez, cuando formó parte de la sargentería. También imágenes de prensa, fotos y hasta la entrada de la famosa Batalla de Belgrado.

Por último, un enlace de Youtube en el que, en minuto y medio,  aparecen los dos hechos más recordados de ese partido: El gol de Rubén Cano y el botellazo a Juanito.

Gol de Ruben Cano y botellazo a Juanito

Otro día os contaré alguna cosa de nuestro querido pueblo por si puede resultar de vuestro interés.










No hay comentarios:

Publicar un comentario