La
afición que ha existido siempre en España por el deporte del balompié no se
correspondía con los logros obtenidos por la
roja —entonces todavía no se había acuñado este término—. Había un maestro,
Manuel Maroto Bolonio (Don Manuel) que ejerció en nuestro pueblo desde
El
encuentro tenía unos tintes épicos porque era el partido definitivo para
clasificarnos para el mundial de Argentina
78. Para poneros en situación os diré que Belgrado era la capital de la
Yugoslavia comunista de Tito, que hoy se ha disgregado en siete países (Serbia,
Bosnia Herzegovina, Eslovenia, Croacia, Macedonia, Montenegro y Kosovo).
Estábamos en la época del telón de acero. Ellos, evidentemente, tenían tanto
interés como nosotros por clasificarse. El ambiente se caldeó mucho, los
jugadores no pudieron salir a calentar, lo tuvieron que hacer en los bajos del
estadio porque corrían serio peligro. Hubo una batalla campal consentida por el
árbitro —entradas a destiempo, empujones, tanganas—, que también era humano y
se acongojó con el entorno.
Acabó
bien la cosa. Tras una jugada de
Yo
tenía por aquel entonces once años. Me
acuerdo que lo ví en casa de mi tía Aurora, con toda la familia. Los chavales
después del partido nos dirigimos a las escuelas; según nos acercábamos iba
saliendo de las bocacalles numerosa chiquillería. La conversación —por mejor decir
vocerío—, no podía ser otra. El partido ganado, el gol de España y el botellazo
a
Además
de la batalla de Belgrado quería
hablaros de este año 1977 y de la chiquillería almorojana. A cualquier chaval
de hoy en día le dices que para nosotros fue emblemático ese año porque por
primera vez tuvimos porterías en las escuelas y lo flipa, pero hay que
extrapolar épocas y circunstancias. Manuel Maroto, el maestro que nombré al
principio, insistió y tras muchos avatares consiguió que se trajeran unas
porterías al patio de las escuelas, todavía en suelo de tierra. Hizo mucho por
el deporte escolar, principalmente por el fútbol, que era su pasión. Movió los
hilos e incordió a las instancias superiores para que algo que parece
actualmente tan simple llegara a buen término.
Para
que os hagáis una idea de lo que supusieron esas porterías para unos niños de
la década de los setenta del siglo pasado os daré un dato. Meses atrás
charlando con Hernán Silván, amigo de la infancia, me dijo que sabía la fecha
exacta porque lo había apuntado en su diario. No es para menos. Entonces las
únicas porterías que había en la población estaban en el campo de fútbol del
pinar y allí subíamos como mucho los domingos con nuestras familias para pasar
una tarde de merienda y juegos entre los pinos. Alguna vez conseguimos
convencer a los maestros y subir a pasar la jornada en el pinar con un
bocadillo, pero lo normal si íbamos de paseo eran tardes primaverales y lugares
más cercanos: ermita, río de los molinos y pare usted de contar. Dejamos de decir
¡alto! o ¡poste! cuando jugábamos en las escuelas, lo que evitó algún enganchón
que otro. Lo del fuera de juego y las faltas al carecer de árbitro siguió
generando polémica, pero algo de vidilla tenía que quedar.
Don
Manuel organizó un torneo con varios equipos de fútbol sala, deporte incipiente
entonces, ya que lo único que se conocía era el fútbol once. Para nosotros hubo
un antes y un después del año 1977. Publicaba las clasificaciones y los
goleadores en el tablón de anuncios los lunes, ya que jugábamos los domingos
por la tarde. Le ayudábamos a marcar el campo y él arbitraba, apuntaba, se
encargaba de la logística…
Una
anécdota más del citado año para que veáis que uno casi ha conocido el candil.
Bromas aparte me refiero al balompié ya que hoy la intrahistoria va de ese
tema. Un lunes de invierno por la tarde, viendo en mi casa con Hernán el
programa Estudio Estadio, que se daba
un día después de los partidos de liga —no se obtenían las imágenes tan bien y
tan pronto como ahora—, por primera vez presenciamos las jugadas polémicas de
la última jornada en la moviola.
Consistía la función en que una vez vistas las imágenes, para analizarlas en
cámara lenta, los muñecos (los jugadores) iban corriendo marcha atrás hasta el
inicio de la secuencia; pues bien, eso de que fueran para delante y para detrás
reiteradas veces, como si fueran peleles, nos produjo tales risotadas que
¡hasta lagrimones nos caían!
Os
adjunto unas fotos: Don Manuel con el equipo alevín de fútbol de Almorox,
publicada en el diario AS, tomada en el patio
de armas del castillo de Escalona, ya que muchos no sabrán que allí estuvo
su campo de fútbol durante muchos años. Algunos de los componentes de ese grupo
me consta que son usuarios o padres de usuarios de esta página de Facebook;
supongo que les hará ilusión verse después de tanto tiempo. Asimismo, una
instantánea de la malagueña, la tía
de
Por
último, un enlace de Youtube en el que, en minuto y medio, aparecen los dos hechos más recordados de ese
partido: El gol de Rubén Cano y el botellazo a
Gol de Ruben Cano y botellazo a Juanito
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